CUEVAS DEL ALMANZORA

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Cuevas
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Al abrigo de un Mediterráneo esplendoroso en cualquier época del año, se sitúa el termino municipal de Cuevas del Almanzora; tierra de luz casi cegadora, de calidez eterna, de hospitalidad sincera. Quizás por ello, desde los albores de la humanidad haya sido preferido este solar por los diferentes pueblos y culturas que han protagonizado la historia. La de Cuevas se lee en sus piedras, en su yacimientos arqueológicos y en sus monumentos. El Neolítico, la etapa de los pueblos comerciales (fenicios y cartagineses), el dominio romano, la posterior invasión árabe, la cristianización... nos han dejado un riquísimo patrimonio que hoy quiere mostrarse al visitante con el renovado brillo que le otorga su cuidado y aprecio.

 

Tampoco el XIX anduvo escaso en acontecimientos. El descubrimiento, en la primera mitad de aquel siglo, de plata nativa en Sierra Almagrera supuso un autentico revulsivo en el devenir histórico de la localidad. Se produjo entonces un desarrollo urbanístico sin precedentes que sembró de palacetes burgueses, espléndidamente construidos, el centro de la ciudad. El visitante que decida perderse por sus calles podrá deleitarse con el ornato de sus fachadas o con el exquisitos detalles de su original rejería. Pero este período de esplendor minero también nos ha llegado abundantes muestras de arqueología industrial, diseminadas estas por ambas laderas de Sierra Almagrera, y que sólo en la que se asoma al mar permite al visitante un cómo y fácil acceso.

 

Un tesoro cultural así solo merecía estar ubicado dentro de un espacio físico igualmente maravilloso. Quince kilómetros de costa, desde Palomares hasta el Pozo del Esparto, ofrecen al visitante la posibilidad de disfrutar de playas abiertas y arenosas, o bien aventurarse en el descubrimiento de pequeñas y encantadoras calas que aún conservan la belleza de lo poco frecuentado. El interior, de Sierra Almagrera hacia el oeste, descubre al viajero dispersos caseríos encalados en los que todavía es posible saborear el apego  de sus pobladores a la tierra que los sustenta. Labores agrícolas tradicionales, molinos de agua aún en uso, cortijos de antaño y gentes hospitalarias constituyen un poderoso reclamo para los amantes del turismo rural.

 

El clima de esta tierra, con sequías prolongadas y esporádicas precipitaciones de carácter torrencial, ha esculpido un paisaje que, no por árido, deja de ser hermoso y espectacular. Sin embargo, sorprenderá al visitante la aparición de fértiles vegas, heredadas de aquellos sabios moriscos que primero las cultivaron, en donde la tradicional agricultura de regadío comparte lugar con las modernas técnicas de cultivo. En los últimos años, con la construcción del pantano de Almanzora y de infraestructuras de abastecimiento y riego, el municipio que puede convertirlo en uno de los principales focos de desarrollo agrícola de la provincia.

 

Pasado y futuro, mar y tierra, paisaje e historia, lugar y gentes se conjuran para hacer de la estancia del visitante una inolvidable experiencia que, a buen seguro, colmara las perspectivas más exigentes.

 

Un paseo por el castillo

 

Cuevas tiene un castillo que, tras su recuperación y rehabilitación, fue declarado monumento histórico nacional. El Castillo del Marqués de Los Vélez, construido en el siglo XVI, es actualmente un espacio cultural de primer orden. Una vez atravesada la única puerta de acceso, se abre ante nosotros un amplio patio de armas en el que se ubican dos imponentes edificios:

 

La Casa de La Tercia, del siglo XVIII, alberga los fondos de la Biblioteca Municipal en su segunda planta, conteniendo en la planta baja el Museo Arqueológico de la localidad;

El Palacio del Marqués, edificado en el XVI, hoy es sede del Museo Antonio M. Campoy donde los amantes del arte disfrutaran contemplando la colección más importante de pintura y escultura contemporánea de la provincia.

 

 

 

Un vistazo al paraje cavernícola de Calguerín

 

Motivo de inspiración del poeta local Álvarez de Sotomayor, la terrera de Calguerín - que así es conocida por los lugareños - impresionará al visitante por lo que posee de insólito e inesperado. Un número considerable  de cuevas, excavadas desde tiempos remotos para su ocupación como viviendas, se concentran en un terreno fuertemente erosionado, lo que le otorga al paisaje un aire exótico que, con el aderezo de reducidos y dispersos palmerales, nos transporta a tiempos y lugares lejanos.

 

 

 

 

 

 

De paseo por el centro histórico

 

Conserva Cuevas en su corazón urbano un verdadero tesoro arquitectónico que merece una pausada caminata por parte del visitante. El detenimiento le mostrará los valores de una arquitectura que inundo sus calles en la segunda mitad del siglo XIX al amparo del frenético enriquecimiento que propició la minería de la plata y el plomo.

 

Casas solariegas, imponentes unas y coquetas otras se reparten por las calles y amplias plazas. Si el visitante se sitúa en la plaza de la Constitución, presidida por el Ayuntamiento (siglo XIX), contemplará un conjunto bien conservado en el que quizás llame su atención la Casa de los Soler Bolea. No cambiará de rumbo para aproximarse a la Iglesia de la Encarnación, de estilo neoclásico en su fachada pero con elementos barrocos en su interior.

 

Frente a ella, severa y enorme, se alza la Casa de los Figuera, otro de esos palacetes burgueses que, junto al que se ha mencionado antes, están siendo objeto de una intervención restauradora.

 

Después, encaminará sus pasos el visitante hacia la calle de El Pilar, conjunto urbano que conserva casi íntegro su sabor decimonónico, ya que es en ésta donde se suceden armónicamente una serie de edificios de las últimas décadas del XIX. Aventúrese el visitante por cualquier otra calle de las inmediaciones y descubrirá rincones para conservar en la retina.

 

 

Una ruta por calas y fundiciones

 

La vertiente de Sierra Almagrera que da al mar, a un tiro de piedra de Villaricos, muestra al visitante recónditas calas y ruinas de antiguas fundiciones. De repente, a la izquierda de la carretera que lleva a Águilas, asoman las esbeltas chimeneas que, entre otras edificaciones semiderruidas, nos pueden hacer imaginar la actividad que allí se desarrollo hace un siglo. Todo este tramo de costa, desde el mismo Villaricos hasta el Pozo del Esparto, se haya salpicado de restos que no escaparán a la mirada del observador atento: túneles, chimeneas, embarcaderos, hornos de calcinación, etc.

 

Si El visitante lo prefiere, puede abandonar la costa y, tomando la carretera que conduce de Villaricos a Cuevas, acercarse a El Arteal, asentamiento minero bien conservado por ser de construcción mas reciente, o dirigir su automóvil hacia el paraje de Las Rozas, en Las Herrerías, donde podrá visitar la casa recién rehabilitada de Luis Siret, aquel ingeniero de minas belga que se destacó por su labor de recuperación arqueológica.

 

 

 

Un baño en la playa

 

 

 

Quince kilómetros de costa dan para muchos. Hay playas para todos los gustos. Pequeñas y escondidas, como la Cala del Calón, Cala Panizo, la playa del Pozo del Esparto y otras a las que su difícil acceso las convierte en pequeños paraísos de intimidad, o amplias y abiertas, como las playas de Palomares y Villaricos. Pero todas se presentan con una característica común: conservan intacta su armonía con un entorno natural casi virgen.

 

 

 

 

 

Museo de arte contemporáneo Antonio M. Campoy

 

El Museo, que se encuentra ubicado en el Palacio del Marqués dentro del recinto del Castillo, consta de diversas colecciones, entre las que destaca la de pintura con cerca de 200 obras de autores contemporáneos tan significativos como Picasso, Solana, Pedro Bueno, Tapies, Revello de Toro, Miró, Vela Zanetti, Cristóbal Toral, Matías Quetglas, Cesar Manrique, Barceló, Benjamín Palencia, Álvaro Delgado o Lapayese.

 

Igualmente, se exhiben en el museo, carpetas de aguafuertes y grabados de autores como Goya, Duce, Clavo o Vargas Ruiz.

 

Otras de las colecciones la constituye la esculturas de bronce, de artistas como Venancio Blanco, Carrilero, Pablo Serrano o Santiago de Santiago.

 

Junto a la obra grafica, el museo contiene las críticas de arte publicadas por Antonio M. Campoy y numerosas publicaciones y otras colecciones particulares, como su biblioteca personal, bastones, condecoraciones y fotografías, que en el marco del mobiliario de su despacho personal, recrea el ambiente de su lugar de estudio y trabajo.

 

 

 

Museo arqueológico

 

 

 

Dentro del Castillo de Cuevas, en los bajos de La Tercia, se conservan y exponen materiales arqueológicos de una de las culturas más importantes de nuestra prehistoria: la cultura argárica. El Museo Agárico de Cuevas es una forma didáctica de acercarse a los modos de vida de nuestros antepasados, los primeros mineros de la península, a través de su yacimiento mejor estudiado: Fuente Álamo.

 

El territorio de El Argar, el poblado, la vida y muerte son los temas que trata este museo. Las piezas, de enorme valor científico, extraídas por los arqueólogos durante las ultimas campañas, permiten valorar aspectos de la vida cotidiana, de sus trabajos y de sus creencias en otra vida después de la muerte.